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💥EN EL DESIERTO… "Él te condujo a través del inmenso y terrible desierto, con sus serpientes abrasadoras y escorpiones, (…) para humillarte y probarte, y para finalmente hacerte bien." — Deuteronomio 8:15-16   El desierto no era un final, sino un proceso. En él se revela lo que hay en el corazón. El mismo pueblo que alabó a Dios por las maravillas cuando el mar se abrió, lo ofendió cuando enfrentó el hambre. Cuidado: no murmure, no se deje llevar por las circunstancias.   El desierto no era destrucción, sino una escuela. Allí se aprende a depender de Dios: aquellos que confiaron plenamente en su provisión diaria y siguieron sus mandamientos se fortalecieron y entraron a la Tierra Prometida.   El desierto no era permanente, sino temporal. Se hace todo a la manera de Dios: Él conoce el camino, y basta con seguirlo. Quienes se desviaron, murieron en el desierto. Pero para Josué, esta etapa fue una preparación para convertirse en el más grande conquistador.   "Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, Él mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá." 1 Pedro 5:10